1. Admirar los detalles arquitectónicos de una catedral gótica única en el mundo
La catedral de Palma de Mallorca se alzó en el año 1.229, por lo que está considerada un templo gótico, aunque su portal mayor se terminó de construir en 1.601 y pertenece al Renacimiento tardío. La historia, el arte y sus tiempos le fueron dando forma a un espacio de culto con carácter propio cuya arquitectura es un reflejo de la vida que bullía a su alrededor.
Con 6.600 metros cuadrados de superficie, una planta de tres naves y 16 capillas, casi todas ellas con retablos barrocos, la catedral de Palma de Mallorca también cuenta con siete rosetones y 87 ventanales en total.
2. Recorre los tejados y disfrute de las vistas de Palma
Los tejados de la catedral de Palma de Mallorca merecen una mención aparte, y mucha fascinación. Desde las alturas de la catedral de Palma se puede contemplar la ciudad a vista de pájaro. También conducen a lugares tan especiales como el campanario.
Se organizan visitas guiadas o gratuitas a las azoteas para mayores de 8 años -los menores de 18 deben ir acompañados de un adulto- que también incluyen el acceso a la Catedral de Palma de Mallorca.
3. Asistir al mágico acontecimiento que ofrece el rosetón de la catedral
Dos veces al año —el 11 de noviembre y el 2 de febrero— el rosetón de la catedral de Palma de Mallorca deleita a sus visitantes con un bello espectáculo de luz y color donde el rosetón mayor se proyecta en la fachada de poniente, bajo el rosetón menor, creando un 8.
Esto es posible gracias a un efecto óptico que se produce durante las primeras horas de la mañana, donde los 1.236 cristales del rosetón de la catedral de Palma de Mallorca se reflejan en el muro de enfrente, justo debajo de su hermano menor.
4. Deleitarse con un plan para toda la familia y que encantará a niñas y niños
La de Palma de Mallorca es una catedral para todos los públicos. La entrada a la Catedral de Mallorca facilita el acceso con carritos de bebé y, a lo largo del año, se organizan visitas didácticas a la catedral-basílica de Santa María de Mallorca.
Sus gárgolas con formas de animales fantásticos y sus vidrieras de colores vibrantes despertarán la imaginación de niñas y niños, brindándoles una experiencia inolvidable. ¿Qué mejor plan para una familia que se hospede en un hotel en Palma de Mallorca?
5. Dejarse envolver por la espiritualidad alternativa de Miquel Barceló
El sello de Miquel Barceló en la catedral de Mallorca es inconfundible. En 2007, el artista remodeló la capilla del Santísimo Sacramento. Tres frescos realizados en cerámica donde se representan el mar, la Humanidad y la Tierra, varios vitrales y diversos elementos de mobiliario expresan su peculiar manera de entender lo místico.
Y, aunque la aportación de Miquel Barceló a la catedral de Mallorca no estuvo exenta de polémica, sin duda fue definitiva para enriquecer y expandir la leyenda viva de la Seu.
8. Contemplar la fachada de la catedral reflejada en un estanque
La ciudad ha ido creciendo y la catedral-basílica de Santa María de Mallorca ya no se mira en el mar. Sin embargo, un majestuoso lago rodeado de zonas verdes se abre ante sus pies, haciéndole de espejo y dándole a su exterior un toque de fantasía.
Para las personas que este verano se alojen en hoteles en Mallorca, pasear por la zona y detenerse a admirar la estampa puede convertirse en el plan perfecto. Palma de Mallorca y su catedral iluminan cualquier ruta a pie.
9. O, tal y como escribió el pintor Santiago Rusiñol, entrar para “ver su alma”
En 1.912, Santiago Rusiñol le dedicó un libro a Mallorca titulado La isla de la calma. Refiriéndose a la catedral de Mallorca desde el interior, a su esencia, escribió: “¡Por fuera verás la armadura, pero entra y verás el alma!”.
En efecto, la entrada a la Catedral de Mallorca es imprescindible, pues cuando se trata de describir el asombro estético que provoca a sus visitantes la catedral de Mallorca tanto su interior como su armazón cuentan.
10. Aprenderse el nombre de sus nueve campanas
N’Eloi, Na Bàrbara, N’Antònia, Sa Nova, Na Mitja, Na Tèrcia, Na Matines, Na Prima y Na Picarol. Así se llaman —de mayor a menor tamaño— las nueve campanas de la catedral basílica de Santa María de Mallorca.
Además de nombre propio, en la Edad Media las cuerdas vocales de las catedrales también poseían un lenguaje específico, crucial para las comunicaciones con el pueblo cuando no existían otros medios. Por este motivo, la catedral de Santa María de Palma de Mallorca siempre fue algo más que un centro litúrgico.
11. Dejarse impresionar por su órgano mayor
El órgano mayor de la catedral de Santa María de Palma de Mallorca se instaló en 1.477, para sustituir al anterior, un siglo más antiguo. Consta de cuatro teclados de 56 notas, así como de un pedal de 30 notas.
La música siempre ha sido importante en la catedral basílica de Santa María de Mallorca. Así lo atestiguan los anales. Para no perder ese legado, todas las temporadas desde el año 2.000, se celebra el Festival del Órgano en el templo mallorquín.
12. Visitar un templo dentro de otro templo
Lo que la catedral de Palma de Mallorca y su interior esconden no se agota. La Capilla Real de la catedral está ubicada al final del presbiterio, y constituye a su vez un templo en sí misma. Jaime II la construyó en 1.306 para ser enterrado en ella. En el mausoleo también reposan los restos de Jaime III. Ambos sepulcros se añadieron en 1.950 por el escultor Federico Marés.
El despliegue de belleza que lleva desde el exterior de la catedral de Palma de Mallorca hasta su interior se va descubriendo por capas, a través de las superposiciones inexploradas de una obra maestra forjada a varias manos y en distintas épocas.